El día 1ero de diciembre, en compañía de la profesora Camila Oñate, la estudiante de 7mo básico Nicole Czischke, asistió a la ceremonia de premiación del 3er Concurso de Foto Relato en dependencias del Centro Cultural La Unión.

El relato de la estudiante se basó en la experiencia biográfica de una persona originaria de La Unión, llamada Gregorio Sandoval, quien murió en un accidente mientras trabajaba en un aserradero.

Muerte de Don Gregorio

La vida de Don Gregorio Sandoval Soto transcurría con sus padres Eliseo e Isabel, en la ciudad de La Unión y sus seis hermanos, aunque no todos vivían en casa, porque algunos se habían casado y formado sus propias familias, Gregorio era el menor de los hermanos hombres. Él era un hombre alegre, pacífico, y muy reservado con su vida personal, le gustaban los niños, ya que tenía muchos sobrinos y dedicaba parte de sus fines de semana a compartir con ellos.

Su pasatiempo favorito era tocar la guitarra acústica, comenzó desde niño junto a su profesor de música en el colegio, y luego continuo en forma autodidacta.

Gregorio se fue a trabajar a un campamento en Osorno y venía a su casa, ubicada en la ciudad de La Unión, en Chacabuco 119, cada 15 días, descansando una semana en casa. Tenía muchos proyectos en mente, como la restauración de su casa donde vivía con sus padres y algunos de sus hermanos, ya que quería ampliarla y mejorar aquellos pilares que ya estaban más antiguos.

Él trabajaba en un Aserradero llamado Aserral Osorno y su jefe era Don Rodrigo Alcázar.  Su trabajo consistía en talar árboles para ser entregados al aserradero. Su horario de trabajo comenzaba a las 8 de la mañana y tenía un descanso a las 12 donde almorzaba sentado en algún mesón junto a otros compañeros de trabajo, ya a las 5 de la tarde las labores se detenían para ir a descansar a los cuartos que tenía el aserradero, para que los trabajadores durmieran y guardaran su ropa, asimismo disponían de baños que debían compartir entre varios.

Su trabajo era tremendamente esforzado a nivel físico, ya que sostener la motosierra o conducir la retroexcavadora era agotador, pero Gregorio era joven y lograba desarrollar las labores sin mayores dificultades. Su familia directa, o sea sus padres eran quienes dependían también de su trabajo, al igual que las hermanas menores que aún estaban en casa.

Don Gregorio llevaba mucho tiempo trabajando en la empresa y a pesar de que era muy cuidadoso, esa mañana su destino estaba definido. Era fin de semana Santa y el sábado 25 de marzo de 1989, cuando tenía 37 años fallece en un accidente forestal. Todo sucedió cuando estaba trozando madera con su moto sierra y por el gran ruido que ocasionaba no escuchó que una retro excavadora pasó a llevar un árbol que cayó, aplastándolo y provocando su muerte en forma inmediata. El accidente ocurrió en la ciudad de Osorno, en el sector de Quilacoya.

Su familia decidió que Gregorio se despidiera de su ciudad paseando por los lugares que él visitaba, recordando el restaurant Baltazar que se encontraba en una gran casa de color rosado en la esquina paralela a la Iglesia donde se realizó el responso, y es en aquel Restaurant donde se juntaba la sociedad unionina a disfrutar de cerveza y sándwich. Ésta era, en definitiva, un lugar de encuentro obligado para la conversación y donde en alguna ocasión especial invitó a sus padres cuando estuvieron de aniversario de Matrimonio, y así les regaló una cena compartida con mucho cariño para demostrarles el amor y respeto que les tenía, ya que siempre valoró el sacrificio por su familia a pesar de las grandes dificultades económicas que pasaron teniendo seis hijos.

En esa misma gran casa estuvo la cooperativa Millantu Sus dueños eran de apellido Habit, donde existían los comités de agricultores estos comités tenían como objetivo organizarse para hacer compras conjuntas de fertilizantes, maquinarias e insumos relativos a sus actividades agrícolas ya que así los productos los obtenían más baratos y también podían relacionarse con las diferentes empresas. Dichos comités fueron impulsados por Indap en donde el jefe de Gregorio estaba asociado para beneficiarse de la compra de materiales y maquinarias junto a otros aserraderos de la zona.

Una vez ocurrido el accidente la única manera en que se enteró su familia fue mediante una persona que viajó hasta su casa a La Unión y les comunicó lo sucedido. Sus padres fueron los primeros en enterarse y fue una situación muy dolorosa ya que jamás había tenido un accidente y el impacto fue tan fuerte que les costó asumir la mala noticia.

El velatorio fue en su casa, y desde ahí salió hacia calle Eleuterio Ramírez, calle que aún no se encontraba pavimentada en aquellos años, hacia arriba giraron por calle Comercio y por último por Prat hasta llegar a la Iglesia. La casa fue preparada para su velatorio con visillos blancos y la familia se reunió allí para acompañar su cuerpo y sus recuerdos. La inmensa pena invadió a sus padres, a sus hermanos y sobrinos quienes no podían creer lo que había sucedido. Además de la familia, asistieron los vecinos que lo conocían desde muy pequeño y con quienes compartió hasta adulto. La familia recibió ayuda monetaria de la empresa quien se hizo cargo en parte de los gastos del funeral y el cementerio.

El vehículo que trasladó su cuerpo era un Chevrolet que pertenecía a la funeraria que contrató la empresa donde él trabajaba y quienes acompañaron a Gregorio esa mañana de despedida fueron sus hermanos, sobrinos, vecinos y compañeros de trabajo que viajaron ese día desde Osorno a la Ciudad de La Unión. Muchas personas caminaron largas cuadras junto a él.

Y siendo su familia católica le realizaron un responso en nombre de Gregorio, antes de ir al cementerio, en la Iglesia San José de La Unión, frente a la Plaza de la Concordia.

Una vez terminado el responso en la Iglesia, subieron su cuerpo al auto y comenzaron su último viaje, la gente que lo acompañaba se fue caminando junto a él, el recorrido fue por calle Cayetano Letelier, por donde ahora se encuentra el edificio del Banco Estado, desde ahí bajaron por Eleuterio Ramírez y llegaron a Chacabuco pasando frente a su casa como despidiéndose, girando luego por calle Carlos Condell hasta llegar al Cementerio.

La casa donde vivían era muy humilde, era una familia muy trabajadora, y de escasos recursos, sus padres eran muy cariñosos y respetuosos. Fue una pérdida muy grande para ellos, ya que él a pesar de sus 37 años, nunca dejó a sus padres y los ayudó en todo lo que pudo económica y emocionalmente.

Faltaba una semana para su cumpleaños cuando sucedió el accidente, él había dejado preparativos hechos para celebrarlo, era muy común hacer chicha en esos tiempos y él la dejó preparada para la celebración que nunca llegó.